Débora Pierpaoli en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires

ENTREVISTA REALIZADA A DÉBORA PIERPAOLI POR EL MUSEO DE ARTE MODERNO DE BUENOS AIRES.

– Se puede pensar que tus instalaciones plantean objetos con sus propios modos de exhibición en vitrinas o mesas. ¿Es una referencia a la historia del arte, del coleccionismo o, por el contrario, aluden a una condición de objeto decorativo que podría hallarse en un ámbito más cotidiano, como una casa?

– La bordes que separan mis obras y sus soportes se disuelven fácilmente en mis producciones, en todos los casos se genera un objeto alterado que conserva un cierto parentesco con su original, pero de un carácter subversivo que anula su funcionalidad. Las distintas relaciones que se establecen entre las cerámicas y sus contenedores las sitúa en lugares intermedios entre los dioramas de los museos, lo decorativo y lo utilitario.

– Representás animales, máscaras, libros. ¿Cómo surgen estos motivos?, ¿tienen algún punto de referencia común?

– Los distintos personajes que habitan mis instalaciones van conformando una cosmogonía extraña y bizarra, donde la competencia entre los distintos órdenes se pierde; por consiguiente, un ratón tiene la misma importancia en la historia que un humano, un pájaro o un libro, y de alguna manera se van potenciando mutuamente; una chica que se esconde como un ratón, un ratón que se disfraza de chancho, un perro que se disfraza de humano. El libro sigue funcionando como la mejor manera de contener un relato. Esta larga historia que fueron construyendo mis distintas obras logró sintetizarse nuevamente en un objeto de uso cotidiano como los libros. Mis libros de cerámica funcionan ahora como funcionó la pintura en otro tiempo dentro de mi proceso de trabajo, como el lugar en el que la historia sigue siendo contada.

–  En tus trabajos hay cerámica, oro, óleo, bronce, como un compendio de materiales tradicionales de la historia del arte. ¿A qué se debe su elección?

– La cerámica como práctica debe ser una de las artes más antiguas y más simples de la humanidad, en su máxima intimidad se podría resumir como barro y agua. El resto de mis materiales mantiene en cierta medida una austeridad similar, de todos modos soy consciente que el oro, el bronce y el óleo cargan con el peso de la historia, pero a la vez siento que en mis obras ese mismo peso se desvanece, y la monumentalidad del óleo o del bronce quedan marginadas a un segundo plano, desperdiciándose o escurriéndose en una cabeza o unos pelos, y el humor va ganando lugar sobre la oscuridad que podría desprenderse de mis imágenes.

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