Escribo como espectadora del teatro de Rafael Spregelburd

 

   ESCRIBO COMO ESPECTADORA y LECTORA DEL TEATRO

DE RAFAEL SPREGELBURD.

 

Me pregunto: ¿qué es escribir como espectadora de teatro? Me asigné esta categoría. ¿Que siento y pienso al respecto?

Primero: Lo percibo, siento y pienso como un lugar desde el cual realizo una acción. Aquí escribo. ¿cómo lo hago?

Soy” vehículo, mediación y movimiento”. Soy producto de una trayectoria y desde aquí, desde las transmisiones, tranferencias, enseñanzas, miradas, afectos, sensibilidades y otras tantas que he recibido en mi vida puedo accionar transmitiendo, transfiriendo, observando, vivenciando, escuchando, ocupándome como dice Rafael Spregelburd de lo que está más allá de la palabra, que es predominantemente en lo que ha consistido mi elección y formación y aquello que más me conmueve. Soy vehículo, mediación y movimiento. Así lo siento.

¿Qué es ser original? Si queremos referirnos a eso tendremos que remitirnos a los orígenes. Ya estamos en el terreno del Mito- Rito-Símbolo. En la Génesis.

Y ésta sabemos que es una construcción e infinitos relatos que la componen. Y cada ser humano lo comprenderá a su manera.

Dice Shakespeare;”¿ qué es el teatro sino un SUEÑO creado por el delirio de unos y SOÑADO al mismo tiempo por otros?”

El delirio, la irracionalidad, el encierro en un determinado lugar, las manipulaciones, escuchar y no poder ver, las ausencias, lo acéfalo, sin cabeza. ¿Pero quién es la cabeza? Encuentro tantas diferencias entre autores. Lo importante está en el actor, está en la acción, en el texto, sin texto, en los distintos estados del accionar de los cuerpos en la escena, en el director, en la dramaturgia, en la originalidad, en que no existe la originalidad. Pero necesito volver a Shakespeare a ver si aclara. Dice:”tal vez desaparezca el encanto al terminar la función, pero ¿estaremos entonces despiertos o dormidos? “.

Aquí es otro planteo, difícil de entender. ¿ quién hace que permanezca la magia, o qué hace que el encanto nos mantenga despiertos, nos despierte a tantas posibilidades?

En la actualidad, desde hace tiempo, hay muchos filósofos que plantean la idea del hombre dormido, que en otras disciplinas sería aletargado o cansado, como dice Peter Handke en “Ensayo sobre el cansancio”.

Con un autor de semejante envergadura, un clásico del teatro, dudo que estemos dormidos al terminar la función. Yo permanezco bien despierta, igual que con una obra de Spregelburd. Expectante y con la disponibilidad y amigabilidad,  para ver lo diferente, como dice Dubatti.

Aunque: “el espectador puede ver lo que la estructura del lenguaje le permite ver”. Y eso es válido para cualquier individuo.

Ricardo Bartís, en su obra “Cancha con Niebla”, escribe que en el teatro hay mitos. ¿Qué son? “Algo que se repite, como un eco más profundo. Pedazos, deshechos, encuentros pasionales que no han tenido lugar… El teatro crea el instante teatral. Una actividad dependiente de la mirada del otro, que narra en su hacer algunas tragedias de lo humano: el tiempo, lo artificial, la muerte… …Tal vez hago teatro porque no sé hacer otra cosa, no encuentro otra forma de afirmar mi desencuentro con la realidad, mi furia”.

Me pregunto acerca de Rafael ¿narrará , como dice este otro artista, en su hacer, algunas tragedias de lo humano, del tiempo y de la muerte? Me impresiona y me huele a que sí. El olfato es una intuición.

Los espectadores y los actores asisten al teatro, a un RITUAL, a una TRANSFORMACION que implica un verdadero  movimiento de FRACTURA dentro del actor. Le contesto a Ricardo Bartís, que lo que a mí me pasa con esta obra de Rafael es que también me produce esa fractura, un toparme con ciertas zonas oscuras, con la muerte y  un temor casi metafísico. Estoy de acuerdo con esto, Bartís. Y también estoy de acuerdo con él, en que el actor es un depositario de fantasías e identificaciones”.

“Para  Peter Brook, que es ante todo un filósofo, un intelectual que ha hecho de la práctica escénica un espacio para el compromiso y el pensamiento. Todo un tratado de dar SENTIDO A LA VIDA” Dice que hay que recuperar los mitos y ritos  que están vivos en la memoria. Seguir marcando los eslabones de la cadena de la renovación del teatro. Dice que son muy pocos los creadores. Esto me recuerda a Mauricio Kartún que también hace esta misma reflexión.

Estoy absolutamente de acuerdo con Brook: dar sentido a la vida es recuperar los mitos, los ritos y luego la potencialidad de simbolizar.

 

Sigo con el espectador. Poder producir un impacto en el ser del espectador o lector, que puede ser de satisfacción, agrado, y/o una vivencia terrorífica, temida, dolorosa, imposible de poner en palabras, es un arte. Hay alguien que es muchas personas a la vez en estas artes, se llama  Rafael. Es artista, mago, constructor de escenarios, de escenas, de sueños, de fantasías, de afectos diversos y magníficos, de espectadores emancipados. Con respecto a su obra: “Envidia”, una ópera basada en dos obras de teatro. “Satánica” y “Extravagancia” , que es la obra que me convoca a realizar este acto de escribir, pero que no es sólo eso. Me importa muchísimo este proceso que voy haciendo con él, atravesada por su obra, porque en él, mientras tanto voy procesando. Viajo a través de sus universos y de los míos propios, imagino su aventura y me largo a conocer. Si él lo hizo,¿ porqué no puedo seguirlo?.

¿Quién me lo impediría?

Dice Jorge Dubatti que se” genera en el teatro: “la poiesis”, a partir del trabajo de los artistas todos y los espectadores. El buen espectador, uno de los mayores generadores de pensamiento crítico en la Argentina: el que sabe ver lo que el teatro sabe y lo pone en evidencia para los otros.”. El te deja en libertad de hacer, nos dice que sabemos y que lo expresemos. Y con él aprendí. Enseña a través de lo que está en la palabra y también, en lo que está más allá de la palabra. En sus sistemas de transmisión, en sus recomendaciones, en su manera de accionar en esta creación suya que es la Escuela de Espectadores de Teatro. Me ha transferido tantos saberes que tiene, que tiene el teatro, desde aquellos que tenemos la oportunidad de apreciar cada día que cursamos o a través de sus numerosos textos como “El teatro sabe”, “El teatro teatra”, los tres textos escritos por él sobre filosofía del teatro. Escucharlo es poder construir cada uno, sus propias vivencias.

Me interesa poder contar con estas otras herramientas, en aquellas partes en que el otro aporta otro tipo de visión , su mirada o su forma de hacer teatro, la dramaturgia, como en el caso de Rafael y este texto que he elegido, que no he podido apreciar la obra de teatro, pero gracias a la escritura, lo puedo leer, investigar, sentir, vivenciar, pensar y viajar a través de sus palabras y de lo que está más allá de la palabra. En este último espacio, el de la ausencia de palabras, de lo que se trata, tal vez es de construir uno su escena. Estemos leyendo o viendo una obra de teatro.  Espacio para inventar, como dice un psicoanalista francés.

No sé si ocurrirá lo mismo con otros que sigan estas direcciones, plenas de sentidos, caminando por zonas oscuras o no del lenguaje. Y de un lenguaje anterior a la palabra, primordial, mitológico, poblado de impresiones e imágenes, de percepciones, que pertenecen al mundo de lo desconocido por la conciencia. Lo que para mí significa estar más allá de la palabra son: las vivencias, las impresiones de todo tipo, las huellas mnémicas, las sensaciones, las percepciones, las emociones, cuando no se cuenta aún con la existencia de otras herramientas.

Para escribir sobre cualquier artista, necesito conocerlo, ya sea personalmente, sus ideas, su forma de pensar, modos de sentir, que imagina, cuáles son sus vivencias, como piensa al lenguaje, los símbolos, las percepciones, la palabra.

Con que sentido escribe, que piensa de los significados y que tienen que ver estos con el sentido, cuáles son sus prioridades respecto a la obra, cuáles son sus estrategias de trabajo.

Parto de unas palabras que encuentro en Baudelaire: “Los preceptos que van a leerse son el fruto de la experiencia, la experiencia implica cierta suma de errores, todos cometemos, pocos o muchos, lo mismo da, por lo cual espero que mi experiencia pueda ser verificada por la de cada uno.

Quiero inventarme cada vez con la obra de Rafael, ser otra, ser diferente. Se siente una emoción extraña, rara. Extranjera, como que soy la misma, pero a la vez soy la otra, ¿la sombra?  ¿Qué es lo que tiene que permanecer en el misterio del sueño? ¿ o de la fantasía diurna o nocturna?. Quiero una intimidad con la obra, la cercanía del sentimiento y la distancia del asombro. Son ambos los que me fueron recorriendo en el transcurrir de la obra. Quiero emocionarme ante lo vivo que se va dando y que nadie impida mi sentir. Esos momentos de estremecimientos o de llantos que se producen cuando uno, como lector o espectador, encuentra una resonancia singular con alguna  zona del escrito.

Algo acontece, que cada uno lo verá desde las diversas formas que existen. Para mi es desde lo vivencial. Este acontecimiento es la vivencia. Es lo inesperado, es la sorpresa, uno se quiebra y aparecen las sombras, un agujero en la cadena de asociaciones, la discontinuidad. La posibilidad de sacudir y mover eso que ha quedado detenido en el tiempo.

No deseo explicar todos los significados ni todos los sentidos de estas obras.

Voy a expresar alguna de las vivencias, sensaciones, impresiones y demás, para transformar en otra cosa, para hacer un pasaje, un rito de iniciación, para mí, para intentar que surja otra cosa. Poder tener una experiencia de contagio,   dijo Rafael, en una entrevista reciente, lo escuché personalmente. No suele usar el término comunicación, habla metafóricamente de contagio y lúdicamente lo refiere a un virus , que entiendo como un juego de energías, de fuerzas, con un sentido de renovación. Pero se tienen que dar ciertas condiciones entre nosotros para poder realizarlo. Algo que está más allá de la palabra escrita, de lo testimonial, ya que como dice Rafael,” hay un sentido detrás de las cosas”. Está lo latente y lo manifiesto, lo implícito y lo explícito.

Dice Nietzsche: “el hombre filosófico tiene hasta el presentimiento de que también  debajo de esta realidad en la que vivimos y somos está oculta una segunda realidad completamente diferente, esto es, que la primera también es una apariencia, y al don que permite que los seres humanos y todas las cosas se presenten en determinadas ocasiones como meros FANTASMAS o IMÁGENES ONIRICAS.

¡Que impacto me produce este autor, cuando dice acerca de la naturaleza del soñar como ayuda y cura , del “analogon” símbólico de la capacidad vaticinadora de las artes en general, gracias a la cual la vida se hace posible y digna de ser vivida. Analogon es lo analógico, símbolo análogo a las artes, en cuanto a la capacidad de vaticinar. Porque en relación a los sueños y lo he experimentado, contienen símbolos que pueden permitirnos al abrirlos y  comprender su sentido, conocer acerca de lo que puede venir. Y respecto a las artes, al teatro, intuyo lo mismo. Se anticipan, tienen ese don de venir de zonas ocultas, desde el fondo más íntimo del hombre y de su misma  naturaleza. El EXTASIS añadido al ESPANTO de poder vaticinar.

“¿Presientes tú al CREADOR?”, dice Niezsche.

Pero no quiero interpretar, busco comprender una metodología de trabajo, si la hay, una forma de escritura, de dirección o actuación en una obra de teatro, la forma de proceder con el espectador. La potencia del símbolo, el asombro ante las sensaciones, el acontecimiento efímero del quiebre, la ruptura de la cadena que viene en un ritmo y de pronto hace ruidos.

Lo que expresa Artaud en “El teatro y su doble”, es que “en el verdadero teatro, ya que se MUEVE y utiliza instrumentos VIVIENTES, continua agitando SOMBRAS, en las que siempre ha tropezado la VIDA…“ Ese lenguaje teatral creado para LOS SENTIDOS, debe ocuparse ante todo de SATISFACERLOS Lo que no impide desarrollar luego, plenamente, su efecto INTELECTUAL, en todos los niveles posibles y en todas las DIRECCIONES. Y éste permite la sustitución de la POESIA del LENGUAJE, por la POESIA en el ESPACIO, que habrá de resolverse, justamente, en un DOMINIO que NO PERTENECE estrictamente a las PALABRAS”.

Este mundo anterior al lenguaje, o lo que está más allá de la palabra, constituye EXPERIENCIAS. Y ellas aparecen en las palabras, pero hay que descifrarlas. Son los misterios que subyacen. Percibimos signos, marcas e indicios, señales que están integrados a los MITOS-RITOS-SIMBOLOS.

Dice Peter Brook: “Quisiera crear una obra que tuviera la intimidad de lo COTIDIANO y la distancia del MITO, porque sin la cercanía no es posible el SENTIMIENTO y sin la distancia es impensable el ASOMBRO”. La capacidad de asombro, los sentimientos. Esencial y vital esto. Como Brook, quiero construir, metafóricamente hablando, un poema, partiendo de este contagioso virus que supone la obra de Rafael Spregelburd. Asombra y se siente lo lúdico, como un juego de construcciones y desconstrucciones permanentes, de continuidad y fractura, inversión del contenido, tantas estrategias para llevarnos a los más profundos misterios del alma humana.

Así lo siento yo .Me hago cargo, me incrimino. Como leí, acerca de un pedido que le hacen de Europa para que “Se meta y se enchastre”, yo decidí, también, meterme con la obra de Rafael y enchastrarme.  No voy a usar comunicar, no estoy interpretando, es un punto de vista, una mirada desde una trayectoria, donde voy a poner mi energía para sentir estas obras, para caminarlas, para moverme en ellas con la mayor libertad que pueda, para vivirlas. Imagino situaciones, percibo emociones, encuentro símbolos y los intento abrir y me surgen asociaciones, que erradas o no, pertenecen a mi propio poema o poiesis. Inventaré si se me ocurre. Existen  acciones que Spregelburd me transmite y yo acciono y salgo a la búsqueda detrás del personaje y a veces soy ese personaje y otras soy el otro, el que acompaña, la que se aleja o se acerca, la que ve, la que toca, a la que Rafael le arranca un llanto, soy todas y ninguna, ellos, los personajes son todos y son ninguno. A veces soy la sombra.

“LOS ESPECTADORES VEN; SIENTEN Y COMPRENDEN ALGO EN LA MEDIDA EN QUE COMPONEN SUS PROPIOS POEMAS”, lo dice Ranciere, que sabe, comprende, siente al espectador. Comunicar las aventuras emocionales,  las sensaciones y “las aventuras intelectuales”.

Dice Virginia Woolf: “no hay barrera, cerradura, ni cerrojo, que puedas IMPONER a la libertad de mi mente”.

Podría tomar a la obra de teatro, de similar manera a como hago con un sueño en la clínica psicológica. Asociaciones libres, imágenes,  luego percepciones,  sensaciones y sentimientos, que se transforman en un segundo proceso, llamado de elaboración secundaria, pasarían a transformarse en palabras, como si las imágenes solamente no alcanzaran para interpretarlo. Es una forma de interpretación la que intenta el soñante al ponerle palabras e intentar darle un sentido a todo ese proceso. Hay asociaciones que van transcurriendo entre una y otra de las personas que trabajan en comprender ese sueño. En ambas se producen estos movimientos y acciones, donde circulan objetos, personajes, familiares o no. Y aparece una investigación de los símbolos y de los ritos y mitos que sustentan esas imágenes primeras del sueño. Se constituyen en experiencias obtenidas de la elaboración de un sueño. Los mitos son los sueños de toda la humanidad. El símbolo es el sueño individual.         En la obra” Filosofía del Espíritu”, el filósofo Dilthey dedica la mayor parte de su obra a determinar la naturaleza de la VIVENCIA, a la que considera la única forma de conocimiento.

Siguiendo el Diccionario de símbolos: “ Un sujeto verbaliza paso a paso las imágenes que se le aparecen y los estados que siente. La experiencia muestra que tales estados son VIVIDOS; es decir que el sujeto tiene un YO CORPORAL IMAGINARIO y que actúa en un mundo FANTASMATICO, sobre la cual proyecta las estructuras de su yo arcaico. El sueño es para el soñador una imagen insospechada y reveladora de sí mismo. Pero al mismo tiempo lo vela, exactamente como un símbolo, con imágenes de seres distintos del sujeto.

El sueño aquí, es más a título de VEHICULO y de CREADOR DE SIMBOLOS.

Dice Shakespeare;”¿ qué es el teatro sino un SUEÑO creado por el delirio de unos y SOÑADO al mismo tiempo por otros?”

El delirio, la irracionalidad, el encierro en un determinado lugar, las manipulaciones, escuchar y no poder ver, las ausencias, lo acéfalo, sin cabeza. ¿Pero quién es la cabeza? Encuentro tantas diferencias entre autores. Lo importante está en el actor, está en la acción, en el texto, sin texto, en los distintos estados del accionar de los cuerpos en la escena, en el director, en la dramaturgia, en la originalidad, en que no existe la originalidad. Pero necesito volver a Shakespeare a ver si aclara. Dice:”tal vez desaparezca el encanto al terminar la función, pero ¿estaremos entonces despiertos o dormidos? “.

Aquí es otro planteo, difícil de entender. ¿ quién hace que permanezca la magia, o qué hace que el encanto nos mantenga despiertos, nos despierte a tantas posibilidades?

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